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​Orden de Caballería de Nuestra Señora de Sion

​La denominación más antigua de Sion era Sin, nombre de una divinidad lunar masculina, el padre de la diosa Ishtar/Astarté; los sumerios lo llamaban Nannar.

​Centro de adoración del dios Sin era la ciudad mesopotámica de Harrán, situada en el actual Irak. Del nombre de esta divinidad derivó el de una altura al sureste de Jerusalén, donde antaño se erguía una fortaleza de los jebuseos.

​La palabra “Sion” en las lenguas semíticas puede asociarse con la raíz hebrea ṣiyyôn (castillo), la raíz árabe ṣiyya (tierra seca) o la raíz árabe šana (“protegido” o “ciudadela”). El topónimo Har Tzion (literalmente “Monte Sion”) aparece nueve veces en el Tanaj. Está escrito con la letra tzadi y no con zayin. Según el Libro de Samuel, Sion era el lugar donde se encontraba la fortaleza jebusea llamada “roca de Sion”. Tras la conquista de la ciudad por el rey David (que fue sepultado precisamente en la montaña de Sion), probablemente alrededor del 1000 a. C., tanto el monte como el término Sion entraron a formar parte de la historia hebrea, donde el segundo definía el lugar en el que vivía Yahvé, dios de los israelitas.

​En la cultura hebrea, la montaña representaba el lugar de sepultura del rey David; para la Cristiandad se convirtió en el sitio donde había expirado la Virgen María, madre de Jesús. Tanto es así que en el 405 d. C. (principios del siglo V), en época bizantina, se construyó allí, bajo Juan II, obispo de Jerusalén, la iglesia de Hagia (Santa) María, consagrada a la Virgen: las reliquias atribuidas a San Esteban fueron trasladadas a esta iglesia el 26 de diciembre de 415.

​El sitio fue destruido en el asedio de Jerusalén del 614 por el rey sasánida Cosroes II.

​Durante las cruzadas, era costumbre fortificar las principales vías de comunicación de los territorios de conquista mediante la creación de comunidades monásticas, llamadas Abadías, a cuya cabeza había un Abad.

​Cuando – en 1099 – Godofredo de Bouillon conquistó Jerusalén, éste hizo erigir en la colina de Sion y sobre las ruinas de la antigua iglesia bizantina un nuevo edificio sagrado dedicado también a María: Nôtre Dame du Mont Syon (siglo XII). Aquí Godofredo de Bouillon instituyó una orden monástica, conocida como Abadía de Nuestra Señora del Monte Sion.

​Antiguo mapa de la ciudad de Jerusalén, Biblioteca de Cambrai 1140-1170. En la parte inferior izquierda se puede ver la iglesia de Nôtre Dame de Syon, en la montaña.

​Durante la Primera Cruzada, nació así la Orden militar y religiosa de los Caballeros de Sion, que estableció su sede en la Abadía madre de Nôtre Dame du Mont Syon, con el propósito de protegerla.

​Tras la reconquista musulmana de Jerusalén y la destrucción de la Abadía, ocurrida unos doscientos años después de su reedificación, la Orden se convirtió en Priorato, estableciéndose primero en Sicilia, en Caltanissetta, y luego definitivamente en Francia, en Orléans. El Priorato de Sion francés perduró hasta el siglo XVII, después de lo cual fue absorbido por los Jesuitas en 1617.

​En 1843 se fundó una orden monástica independiente, denominada Congregación de Nôtre Dame de Syon. La congregación de Notre-Dame de Sion fue el resultado de un pacto de oración sellado por Joseph Ludwig Colmar, Louise Humann y Madame Breck en las ruinas del castillo de Turquestein en 1797.

​Notre-Dame de Sion estaba ligada al carisma de su fundador, Théodore Ratisbonne, al cual su hermano Alphonse fue asociado desde el principio.

​Provenientes de una familia judía asimilada en Estrasburgo, se convirtieron al catolicismo, el primero en 1827, el segundo en 1842.

​La Congregación se caracterizó por la conciencia del arraigo de la fe cristiana en el pueblo judío.

​Según su texto fundacional, “La Congregación ha sido fundada para testimoniar, en la Iglesia y en el mundo, la fidelidad de Dios a su amor por el pueblo judío y el trabajo por el cumplimiento de las promesas bíblicas revelado a sus Patriarcas y profetas de Israel para toda la humanidad” (Const. 2).

​​Esta espiritualidad iba a la par con el deseo de convertir a los judíos al cristianismo. La vocación de la Virgen de Sion evolucionó luego, a raíz del Concilio Vaticano II y de la declaración Nostra Ætate; el espíritu y el carisma ya no era el de intentar la conversión de los judíos, sino el de trabajar junto a ellos, con estima y amistad, estudiando en particular las raíces judías del Nuevo Testamento, así como el hebreo.

​La actual Orden de Caballería de Nuestra Señora de Sion, en respeto de los antiguos valores, tal como fueron transmitidos a lo largo de los tiempos, se caracteriza por el carisma de la igualdad entre cristianos y en el socorro de los sectores débiles, con particular atención a la recuperación de menores con problemáticas judiciales y sociales.

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