El proyecto está destinado a todos los chicos y chicas de 8 a 18 años, que asisten a las escuelas de Salento, sin ninguna distinción. El deporte, si se vive como práctica ducativa y no solo como competición, se convierte en una herramienta privilegiada para combatir la pobreza educativa porque: - Ofrece contextos de aprendizaje no formales - Refuerza competencias de vida (habilidades para la vida) útiles también en la escuela y en la sociedad - Previene el aislamiento ofreciendo lugares de socialización protegidos - Promueve la autoestima y el bienestar psicofísico - Derriba barreras económicas y culturales
El presente proyecto permite: - El desarrollo de actividades deportivas gratuitas o a costos reducidos, para que los menores de familias vulnerables también puedan participar- La colaboración con escuelas y servicios sociales para identificar a los chicos en riesgo de exclusión - Entrenamientos acompañados de talleres educativos sobre legalidad, respeto a las normas, alimentación y ciudadanía - La colaboración con institutos escolares para combatir la deserción y el abandono - Reuniones periódicas con padres para construir alianzas educativas- La prevención del acoso y la violencia con técnicas de gestión de conflictos - La prevención de trastornos alimentarios con módulos de educación para la salud y estilos de vida saludables El deporte, cuando se vive como experiencia educativa, se convierte en un laboratorio de convivencia civil, respeto a las normas y crecimiento personal. - El voleibol promueve la cooperación, la inclusión y el juego en equipo - El karate educa a la disciplina, al control de las emociones y a la valorización de las propias energías en sentido positivo En resumen: el proyecto no es solo “deportivo”, sino que se convierte en una estrategia educativa territorial que compensa la pobreza educativa ofreciendo a los chicos espacios de crecimiento, inclusión y legalidad que a menudo faltan en los contextos vulnerables.